Si estás planeando Mallorca, la respuesta debería ser un sí sin dramatismos. Porque la isla, con su luz brillante y su aire que huele a sal y a pino caliente, se disfruta mejor cuando el paseo no termina a la puerta del hotel. Y, a la vez, porque llevar mascota no es solo “meter el transportín y listo”. Es logística, horarios, normas, reservas que se agotan en silencio. Es anticiparse.
Mallorca no es únicamente playa - es también caminos de piedra seca, terrazas sombreadas donde el agua llega en un cuenco sin que tengas que pedirlo dos veces, atardeceres que bajan el volumen del mundo. Pero para llegar a ese punto, primero hay que cruzar el aire… o el mar. Y ahí empiezan las preguntas prácticas: ¿qué aerolíneas aceptan perros en cabina desde Madrid o Barcelona? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué papeles piden? ¿Y dónde duermes, sin acabar en el típico alojamiento que “sí admite mascotas” pero luego no admite ni la felicidad?
Para muchos viajeros, el vuelo sigue siendo la opción más rápida. Desde Madrid (Barajas) y Barcelona (El Prat) salen rutas frecuentes hacia Palma de Mallorca, y varias compañías permiten llevar perros pequeños en cabina (siempre dentro de transportín, bajo el asiento delantero, y cumpliendo límites de peso y medidas). Los detalles cambian con el tiempo, pero estas son las aerolíneas que, de forma habitual, ofrecen esa posibilidad en rutas hacia Mallorca.
Iberia es una de las opciones clásicas para volar a Palma, y suele permitir mascotas en cabina cuando el animal es pequeño y viaja en un transportín homologado. Iberia Express, muy presente en rutas domésticas, también acostumbra a ofrecer el servicio. En la práctica, lo importante no es solo que “se pueda”, sino que haya cupo: en muchos vuelos el número de animales en cabina está limitado.
Los límites suelen moverse alrededor de 8 kg (animal + transportín), y el bolso debe caber bajo el asiento. Esto suena fácil, hasta que te das cuenta de que tu perro pesa 7,2 kg… y su transportín blandito pesa casi un kilo. Sí, esas cuentas importan.
tener opciones desde Barcelona vía conexiones o rutas concretas. Su política para mascotas en cabina suele permitir perros y gatos pequeños con un límite que a menudo llega a 10 kg (incluyendo el transportín). La cabina no es una guardería: el animal viaja contigo, pero debe permanecer dentro del transportín durante el vuelo.
¿La ventaja? Muchas personas valoran la frecuencia de horarios desde Madrid. ¿El “pero”? El mismo de siempre: plazas limitadas para mascotas, y una disponibilidad que se evapora cuando la isla entra en modo verano.
Si vuelas desde Barcelona, Vueling aparece casi inevitablemente en el mapa. Y también desde Madrid suele tener rutas directas a Palma. Vueling normalmente acepta mascotas en cabina con un peso máximo que suele rondar 10 kg (mascota + transportín), y con un número limitado de animales por vuelo. Esto último es clave: puedes tener el billete perfecto y, aun así, quedarte sin “plaza para perro” si lo intentas añadir tarde.
Además, como es una aerolínea muy usada para escapadas, los fines de semana y los puentes se llenan rápido. Si tu plan es viajar con calma (y con hocico), te conviene reservar con margen.
Volotea, cuando opera rutas adecuadas hacia Palma desde Barcelona y en ciertos meses también desde otras ciudades, suele permitir perros en cabina con límites similares a los de otras compañías (a menudo hasta 10 kg con transportín). Aquí el consejo es sencillo: revisa la ruta concreta y el calendario, porque no siempre está disponible igual todo el año. Si aparece un horario que te encaja y viajas con mascota, no lo dejes “para mañana”.
En muchos vuelos solo aceptan un número reducido de animales en cabina, incluso aunque queden asientos libres. Compra el billete y confirma el servicio de mascota cuanto antes, o cambia de horario antes de encariñarte con él.
Un error típico es entrar directamente a la web de una aerolínea, probar fechas al azar, cansarse, y reservar lo primero que encaja. Funciona… hasta que intentas añadir a tu perro y te dice que no hay cupo. Mucho mejor: primero compara precios y horarios en metabuscadores como Avia-Scanner, Kayak o Europefly y, cuando tengas 2 o 3 opciones finalistas, entra en la web de la aerolínea para comprobar si permite añadir mascota en cabina en ese vuelo concreto.
Ese “doble paso” parece una tontería, pero es como buscar restaurante: miras el barrio y la carta en una app, sí, pero llamas para confirmar si queda mesa cuando es sábado por la noche. Con los animales pasa igual. Y además, a veces el servicio de mascota solo se puede añadir durante la compra o a través de gestión de reserva - si lo dejas para después, ya vas tarde.
Otro detalle poco comentado: en algunos vuelos se limita también el número total de animales en bodega. Así que si tu perro no cabe en cabina por peso, la alternativa puede no estar disponible en el mismo horario. Por eso, si viajas en julio, agosto la anticipación no es un capricho, es oxígeno.
En la mayoría de compañías, llevar un perro en cabina significa aceptar un pequeño “contrato” no escrito: tú te adaptas al avión, y tu perro se adapta a un espacio reducido. Lo normal es que se exija transportín flexible o semirrígido, ventilado, con base absorbente, y con un tamaño que quepa bajo el asiento delantero. El perro debe ir dentro durante todo el trayecto, incluso si te mira con cara de “pero si yo me porto bien”.
Los límites de peso suelen moverse entre 8 y 10 kg (incluyendo el transportín). Si tu compañero está justo en el límite, pesa el conjunto en casa. No lo hagas a ojo. Y cuidado con las correas gruesas, comederos de viaje, juguetes - todo suma.
La mayoría de viajeros se sorprende con la primera “tarifa mascota”, y luego la asume como parte del presupuesto, igual que el equipaje de mano extra. De media, la suplemento por llevar perro en cabina ronda los 50 euros por trayecto. A veces es algo menos, a veces un poco más, depende de la aerolínea, la ruta y el momento de compra.
Importa recordarlo cuando comparas precios: un vuelo “barato” puede dejar de serlo si sumas mascota ida y vuelta. Haz esa suma al principio, y te ahorrarás esa sensación amarga de haber encontrado una ganga que, al final , no era tan ganga.
Para volar con tu perro necesitas ordenar papeles como quien ordena el bolsillo antes de pasar el control de seguridad: mejor hacerlo en casa, con luz, sin prisa. En general, se exige que el animal esté identificado (microchip), con vacunas al día y con pasaporte para animales de compañía si aplica dentro del marco europeo. Aunque sea un trayecto nacional dentro de España, muchas aerolíneas piden documentación y pueden comprobarla.
Lo sensato es llevar:
Si tu perro es mayor, ansioso o tiene alguna condición médica, consulta con tu veterinario antes. No por drama, sino por sentido común: un vuelo es corto, sí, pero el aeropuerto es largo, ruidoso, y está lleno de olores nuevos que pueden revolverle el estómago a cualquiera.
El aeropuerto tiene su propio clima. Aire frío, luces blancas, ruedas de maletas sonando como lluvia dura sobre el suelo. Para tu perro, es un festival de estímulos. Tu trabajo es bajarle el volumen.
Antes de salir, un paseo de los buenos - de esos que terminan con el perro oliendo “por última vez” su esquina favorita - suele ayudar. No conviene darle una comida pesada justo antes; mejor algo ligero, agua en pequeñas cantidades, y calma. Lleva toallitas, una bolsa extra (siempre dos), y una manta finita con olor a casa. Ese olor es como una canción conocida en mitad del ruido.
En el control de seguridad, normalmente tendrás que sacar al perro del transportín para que pase el bolso por el escáner. Practícalo antes si puedes: arnés bien puesto, correa corta, y paciencia. Y cuando por fin estés en la puerta de embarque, busca un rincón. No necesitas que tu perro también socialice con cada niño emocionado. Necesitas que llegue tranquilo.
Si la idea de volar te da pereza (o si no encuentras cupo para mascota), el mar ofrece una opción muy seductora: los ferris de Baleària. Desde Barcelona puedes llegar a Mallorca en barco, y existen ferris rápidos que, en condiciones normales, hacen el trayecto en alrededor de 4 horas. Cuatro horas suenan a “tarde de peli”, pero con el Mediterráneo delante se sienten distintas: luz cambiante, brisa salada, esa sensación de estar moviéndote de verdad.
En los barcos, según el tipo de buque, puedes encontrar zonas habilitadas para mascotas, transportines, jaulas o incluso camarotes pet-friendly. Lo ideal es revisar qué ofrece el ferry específico: no todos los servicios son idénticos, y conviene decidirlo antes de comprar.
Ahora bien, hay una verdad que se repite cada verano: en temporada alta cuesta conseguir billetes. Mucha gente piensa “ya lo compraré la semana que viene” y luego se queda mirando fechas imposibles. Especialmente si viajas en julio o agosto, lo recomendable es reservar con 2-3 meses de antelación. No es exageración; es supervivencia vacacional.
Si tu viaje cae en julio o agosto, compra los billetes con 2-3 meses de margen para no quedarte sin horario o sin opción adecuada para mascotas. Y si ves una combinación que te encaja, no la “dejes en la cesta” pensando que volverá igual mañana.
Llegar a Mallorca puede ser sencillo. Dormir bien con mascota, no siempre. En las grandes plataformas de reserva, el filtro “admite mascotas” a veces es una promesa demasiado elástica: hoy sí, mañana no; “solo perros pequeños”; “con suplemento”; “pero no en la habitación”; “solo si no ladra”. Y claro, nadie puede garantizar que un perro no ladre nunca - ni siquiera el perro lo firmaría.
Por eso, cuando buscas alojamiento de forma eficiente, suele funcionar mejor usar sitios especializados en estancias con animales. En hotelesmascotas.com tienes una selección enfocada en alojamientos pet-friendly en la isla, y puedes empezar por aquí: https://hotelesmascotas.com/espana/mallorca-alojamientos-perros
Al reservar, mira más allá de las fotos bonitas. Pregunta (o confirma en condiciones) lo que de verdad cambia tu estancia:
Hay alojamientos que “aceptan” mascotas y luego te hacen sentir que estás pidiendo permiso para existir. Y hay otros, que te reciben con naturalidad: cuenco listo, sonrisa, un “por aquí podéis pasar”. Esa diferencia no se ve en una foto, se nota en la primera noche, cuando tu perro se tumba y suspira como si dijera: vale, aquí sí.
La isla invita a moverse. Un día estás en Palma paseando por calles estrechas que guardan sombra como un secreto, y al siguiente estás en un mirador con el mar abajo, azul de anuncio. Si vas con perro, hay dos cosas que mandan: el calor y el horario. En verano, el suelo quema. Literalmente. Si tú no puedes apoyar la mano en el asfalto unos segundos, tu perro tampoco debería pisarlo.
En coche, la movilidad es fácil, pero no descuides lo básico: agua, paradas cortas, y no dejar al perro dentro “solo cinco minutos”. En transporte público y taxis, la normativa puede variar; lo más práctico es preverlo y no improvisar con prisas. Y si te apetece playa, recuerda que no todas permiten perros todo el año: algunas tienen zonas caninas o franjas horarias. Vale la pena revisar la normativa municipal del lugar donde estés, porque cambia como cambia el viento.
En Mallorca hay calas, que parecen pintadas: agua transparente, rocas claras, ese silencio que solo rompe una gaviota. Pero a veces el plan más bonito con perro no es la cala perfecta, sino un paseo largo por un camino de tierra con olor a romero, donde tu compañero puede olfatear sin que nadie se moleste. ¿Te suena ? A veces lo simple es lo que mejor sale.
Si te gusta caminar, la Serra de Tramuntana es un imán. Hay rutas suaves y otras más exigentes, y en todas el paisaje tiene ese punto dramático de roca y verde que parece hecho para respirar hondo. Con perro, elige recorridos con sombra, lleva agua extra y no te obsesiones con “hacer muchos kilómetros”. Mejor menos distancia, más disfrute.
En Palma, los paseos al atardecer cambian el ritmo del día. Cuando baja el sol, las calles huelen a cena y a piedra tibia. Tu perro se relaja, tú también. Puedes sentarte en una terraza tranquila, pedir algo frío, y ver cómo la ciudad se vuelve más amable. No es un plan espectacular, pero es uno de esos que se recuerdan.
Y si te apetece algo distinto, prueba el mercado temprano: los sonidos son más suaves, los olores más interesantes, y todavía no hay esa masa de gente que aprieta. Solo vigila que tu perro no confunda “olor a queso” con “permiso para acercar el hocico”. Con una correa corta y buen humor, todo fluye.
En algún punto de la semana, te encontrarás caminando sin mirar el reloj, con sal en la piel y arena pegada en el borde de las zapatillas. Tu perro irá un poco delante, parándose a oler como si estuviera leyendo noticias. Y tú pensarás que, al final, el viaje era esto: moverte ligero, sin excusas, con la isla respirando cerca.