Pero quien organiza una escapada con su perro descubre pronto que el precio de un hotel pet-friendly depende de muchas cosas, y no todas están a la vista cuando se reserva.
La primera sorpresa suele ser el suplemento por mascota. Algunos hoteles lo incluyen en la tarifa, otros cobran una cantidad fija por estancia y otros la cobran por noche. La segunda sorpresa llega al comparar: el mismo hotel, en las mismas fechas, puede aparecer con precios distintos según la plataforma o incluso según el país desde el que se consulta.
Estos detalles cambian mucho de un alojamiento a otro, y un hotel que se anuncia como pet-friendly puede tener normas bastante estrictas. Leerlas antes evita llegar con el perro y encontrarse con que no puede entrar en el comedor o que el suplemento duplica lo que se esperaba.
Las plataformas de reserva y los propios hoteles fijan sus tarifas por mercados. Una habitación puede tener un precio para el cliente español y otro para el alemán, el británico o el francés, porque cada mercado tiene su demanda y sus promociones. En destinos muy visitados por turistas extranjeros que viajan con sus mascotas, esas diferencias pueden notarse.
Hay quien, antes de reservar, compara cómo aparece el mismo hotel a los clientes de otros países. Como las plataformas muestran a cada visitante la versión de su mercado, para verlo hace falta consultar la web como la vería alguien desde allí. Servicios como Proxywing permiten conectarse a través de una dirección de otro país y ver las tarifas y ofertas que reciben esos clientes. Sirve para comparar con datos reales antes de decidir.
Eso sí, mirar no es lo mismo que reservar. Algunas tarifas están pensadas solo para clientes de un mercado concreto y pueden pedir comprobantes, y pagar en otra moneda puede añadir comisiones del banco que se coman el ahorro. Lo prudente es comparar y reservar después con los datos propios.
Para quien llega a España desde otro país de la Unión Europea con su perro, el documento clave es el pasaporte europeo para animales de compañía, junto con el microchip y la vacuna antirrábica en vigor. Conviene revisar los requisitos con antelación, porque las normas para viajar desde fuera de la UE son más exigentes y pueden necesitar más tiempo de preparación.
También merece la pena informarse sobre las normas locales del destino. Muchas playas solo admiten perros en zonas o épocas concretas, y algunos parques y espacios naturales tienen sus propias reglas. Saberlo antes de salir ahorra más de un disgusto en plenas vacaciones.
Un viaje con mascota sale mejor cuando el equipaje del perro está pensado con la misma atención que el propio. Conviene llevar su comida habitual en cantidad suficiente, porque un cambio brusco de alimentación puede sentarle mal, además de su cama o una manta que huela a casa, sus cuencos, la correa, bolsas para recoger y un pequeño botiquín con lo básico.
La documentación también va en la maleta: la cartilla o el pasaporte con las vacunas al día y el número de microchip, por si hay que acudir a un veterinario durante el viaje. Tener localizada una clínica veterinaria cerca del destino da tranquilidad, sobre todo en zonas rurales o en viajes largos.
Por último, merece la pena pensar en el trayecto. En viajes largos en coche hay que prever paradas para que el perro beba, se mueva y haga sus necesidades, y nunca dejarlo solo dentro del vehículo, especialmente en verano, cuando la temperatura interior sube muy deprisa.
¿Todos los hoteles pet-friendly cobran suplemento?
No. Algunos lo incluyen en el precio y otros cobran una cantidad por estancia o por noche. Conviene confirmarlo siempre antes de reservar.
¿Puedo llevar un perro grande a cualquier hotel pet-friendly?
No siempre. Muchos alojamientos limitan el peso o el tamaño, así que es importante revisarlo en las condiciones del hotel.